“Solo con la educación y las posibilidades de realización individual y de los grupos sociales que ofrecen el conocimiento y la construcción de la cultura, podremos aclimatar la paz, y asegurar la capacidad de vernos como ciudadanos del mundo, partícipes de un cambio cultural amplio y sutil... la verdadera ventaja competitiva sostenible que Colombia debe buscar con todo empeño es la que todos, individuos y organizaciones, aprendamos a aprender. Aprendamos a vivir en paz con nosotros mismos y con la naturaleza, a desarrollar todo nuestro potencial humano, y a crear participativa y colectivamente”.
Misión de Ciencia (1994:48)
La Educación Ambiental tiene un papel fundamental como estrategia de cambio cultural, para promover un desarrollo humano integral. Aunque no desconocemos que ella por sí sola no puede garantizar el cambio, el cual involucra las diferentes esferas sociales, económicas y políticas, sí se constituye en un elemento importante, para lograr las transformaciones que requiere una sociedad sustentable.
El respeto a todas las formas de
vida, punto de partida de una ética ambiental se inicia con el respeto al
vecino, al compañero, al ciudadano, a nuestros descendientes, así como al
árbol, se extiende al espacio público y a todo lo que implica convivencia en un
contexto social.
Estos
componentes básicos de las relaciones humanas deben ponerse al servicio de una
escala de valores, donde la búsqueda de una mejor calidad de vida y la
construcción de una cultura ambiental sean la meta.
En este sentido, la racionalidad
se enriquece al reconocerse como natural y debe llevarnos a buscar tecnologías
alternativas, desarrollos científicos, sociales y culturales armónicos con la
naturaleza, partiendo del gran valor que la ciencia y la técnica, expresiones
de la racionalidad humana, pueden aportarnos para lograr establecer unos nuevos
equilibrios en la relación ecosistema - cultura.

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